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Mi querido Jhon…

La evolución de un alumno ilustra el trabajo educativo de una ONG en Perú

CAROLINA ZAPATA CASTILLO (NUEVO FUTURO) Lima - 23 AGO 2016

Cuando decidí que quería contar mi experiencia con estos chicos y chicas, maravillosos y luchadores, Dolly—la facilitadora del proyecto que implementamos— me hizo una propuesta: “Habla sobre Jhon. Ha cambiado mucho, es constante, prácticamente nunca ha faltado a un taller y es un ejemplo para todos”.

 

¡Oh mi querido Jhon! Y así inicié este viaje en el tiempo, por mi memoria, y recordé cuando le vi por primera vez. Desafiante, era un chico que no prestaba atención, salía del aula a cada momento y pasaba largo rato en el baño. En el colegio suspendía y faltaba a clase de modo intermitente. Yo a veces veía en su mirada una luz, un deseo de conectarse conmigo y mis palabras, pero enseguida se le pasaba. No entendía por qué con él no me funcionaban mis bromas, consejos, anécdotas de madre…

Investigué y busqué y encontré el porqué. Jhon no vivía con su madre. El padre de Jhon se había ido cuando él era muy pequeño y ahora su madre le había apartado de su vida al iniciar una nueva relación, ya que Jhon discutía mucho con la nueva pareja de su madre y el hijo de esta. La solución había sido que él se mudara a casa de sus abuelos, lejos también de su hermanita de 5 años. Pero nuestro trabajo no es juzgar la situación que encontramos, sino desenterrar los recursos propios con los que cuenta cada chico, para que el futuro líder aflore y logre salir de la situación actual. El espíritu de la ONG Nuevo Futuro es evitar el abandono y proteger los sanos vínculos familiares y el bienestar de los niños, los más vulnerables.

“Jhon empezó a sonreír con franqueza, a mirar a los ojos del compañero, a dar abrazos profundos y a reconocer los logros propios y ajenos”

Como responsable del programa no me iba a dar por vencida. Quería hacer llegar mi mirada validante y cariñosa a su interior, como había pasado antes con otros adolescentes. Los cuatro centros educativos participantes en Acercándonos… Formando Formadores funcionaban como lugares seguros y de confianza donde personal especializado, ayudaba a cada joven a identificar sus fortalezas, mejorar su autoestima y dejar aflorar sus desconocidas cualidades como “líderes promotores familiares adolescentes”, es decir, como agentes de un cambio capaz de implementar el fortalecimiento de los vínculos afectivos en sus familias y su entorno. Ese es nuestro sueño como colectivo, que los chicos luchen por sus ideales, que se pongan metas bien grandes, que crean que todo es posible en la vida si uno está dispuesto a luchar y que aprendan a trabajar en equipo, viendo lo bueno que tiene cada persona, porque uno solo no puede lograr nada, pero la unión hace la fuerza.

Nosotros llegamos a la vida y los corazones de los muchachos con nuestros talleres, buscando romper el círculo de violencia al que están expuestos para poder reescribir su historia (por ejemplo, según datos del Ministerio de la Mujer y las Poblaciones Vulnerables, el 81,3% de los peruanos de 12 a 17 años alguna vez han sido víctimas de violencia psicológica o física por parte de las personas con las que viven). Un día les ponemos delante de una cartulina donde tienen que dibujar una flecha para hacer un viaje en el tiempo y rescatar sus vivencias positivas y negativas y relatar las anécdotas vitales que les acompañan. Este ejercicio impresionó tan fuertemente a Jhon que le llevó a mirar de frente sus deseos para su vida futura.

Tanto en el programa como en el colegio, y también en su casa, él vivía inundado por la apatía, el desinterés, la desmotivación, la desafección… Su pasado pasó ¿qué quería para su futuro? Su vida podía ser valiosa, fructífera… mejor. Con ayuda de los cuentos, los saltos y gritos de las clases de teatro y las técnicas que creíamos positivas, Jhon empezó a sonreír con franqueza, a mirar a los ojos del compañero, a dar abrazos profundos y a reconocer los logros propios y ajenos. Me viene a la memoria el día que su grupo hizo una simulación de un duelo para enterrar sus problemas en una caja de la que ya no saldrían más. El rostro de Jhon era pura poesía.

Llamadas telefónicas, comunicados en coordinación con la escuela, planes de acción personalizados, visitas… lograron que el equipo de Acercándonos… formando formadores estableciera una relación con la madre de Jhon y pudiera implicarla en el proceso. Era básico que ella entendiese que era —y es— un soporte muy importante en la vida del chico, un chico abandonado por su padre. Hoy, ella está presente en su cotidianidad, él solo pasa algunos fines de semana en casa de sus abuelos para no entrar en tensiones, el vínculo con su hermana menor es muy fuerte—juega un papel protector con ella— y las relaciones con su padrastro y hermanastro se basan en el respeto y la tolerancia.

Mientras escribo esto, nuestro querido Jhon nos deja escuchar los agradables sonidos que salen de su guitarra y comparte sus sueños, en los que llega a convertirse en un ingeniero de sistemas o de telecomunicaciones. Nos gusta saber que allí donde antes había desánimo y una nube de pesimismo, ahora hay voluntad, ganas de trabajar en equipo, liderazgo positivo… Un ejemplo como el que nos regaló cuando tomó las riendas ante el cambio de horario en su colegio. Cuando la dirección amplió el horario escolar a jornada completa, todos pensamos que el grupo se iba a perder.

Los talleres se ponían en riesgo porque los chicos llegarían a casa demasiado tarde en unos distritos —Chorrillos, Barranco y San Juan de Miraflores, en el sur de Lima— que son focos de inseguridad y riesgo, donde los jóvenes conviven con altos índices de delincuencia, consumo y venta de drogas, abandono emocional, bullying, poca oferta de actividades de esparcimiento saludables, violencia familiar… Pero cuando el desconcierto se apoderó de nosotros, allí nos sorprendió Jhon, proponiendo empezar más temprano y que los tallares se realizasen antes de la jornada escolar. Todos sabíamos lo que eso significaba: que sus padres o ellos cocinasen más temprano, adelantar sus tareas cotidianas, etc. Pero allí estaba él con sus amigos, animándose los unos a los otros y haciendo posible lo que no parecía real.

Por todo esto no le discutí a Dolly su propuesta. Mi querido Jhon siempre será especial y más ahora que puedo mirarle a los ojos, contarle mis anécdotas como madre y sacarle una sonrisa, porque sé que confía en que las cosas pueden y deben ser mejores.

Nuevo Futuro es una ONG que persigue el acogimiento y la promoción humana y social de niños y jóvenes "privados de un ambiente familiar normal".