Marita, madre de familia colaboradora: “De verdad que vale la pena. No lo haces por ayudar a nadie. Es que te llena la vida a ti”

Marita es madre de familia, pero la suya es también una familia colaboradora de Nuevo Futuro. Esto quiere decir que, desde hace unos meses, cada fin de semana o día festivo cuentan con una integrante más en su familia: Alicia. Este es el nombre ficticio de la niña de 10 años que vive en un hogar de Nuevo Futuro y que, desde septiembre del año pasado, convive algunos días de la semana con ella, su marido y sus dos hijos.

Antes de esta experiencia, Marita ya conocía el acogimiento familiar por haber vivido en el extranjero. Reconoce que la idea de la adopción siempre había estado presente tanto para ella como para su marido, pero el tiempo fue pasando, tuvieron dos hijos biológicos y finalmente optaron por otra forma de apoyo.

De hecho, la idea de acoger surgió gracias a su hijo pequeño, que le acompañó a una charla sobre Nuevo Futuro en la Asociación de su barrio con la que ella colabora. Al parecer, el benjamín de la familia también lleva en los genes la solidaridad de Marita, quien siempre ha colaborado como ha podido con su comunidad. Y no pudo decirle que no. “Lo hablamos en casa y vimos que era una posibilidad de apoyar a algún peque que estuviera en una situación de protección”, explica.

Empezaron como familia colaboradora sin pernocta, es decir, recogían a Alicia los fines de semana y, al terminar el día, la niña regresaba al hogar de Nuevo Futuro donde vive. “En realidad no hemos hecho nada especial, que es lo que le decíamos a ella”, señala Marita. Pero, en realidad, para los niños y niñas que residen en los hogares de Nuevo Futuro una simple salida en familia ya es algo muy especial.

Tal y como indica, no tienen la capacidad económica para llevar a Alicia al zoo o algo similar, pero sí que tienen el “tiempo y las ganas de compartir la vida familiar”. Y es que el tiempo bien compartido es oro para estos niños y niñas en el sistema de protección. “Ella es una más en casa”, admite Marita. Al poco de empezar a colaborar con Alicia, se dieron cuenta de que era mejor que durmiera en casa, por lo que solicitaron el programa de fines de semana.

Estamos felices. Vamos a buscarla al hogar los viernes o los sábados. La llevamos de vuelta los domingos y cuando hay puentes o vacaciones, se queda con nosotros. Ahora en verano, ya tenemos más o menos un calendario establecido entre sus campamentos, los campamentos de nuestros hijos y nuestras vacaciones”, detalla Marita, quien añade que lo importante es que “pueda pasar el mayor tiempo posible con nosotros”.

Según explica, les hubiera gustado acogerse al programa de verano, pero por problemas de compatibilidad y de espacio en el hogar, no podrán hacerlo: “No tenemos una habitación en exclusiva para ella y tenemos que trabajar todo el verano, exceptuando 15 días, así que no veíamos viable comprometernos con ella desde el día que se acaba el colegio hasta el día que empieza”.

Marita dice que para Alicia también es importante entender que ni ella ni su marido son sus padres o sus tutores, por lo que regresar al hogar le permite no desvincularse, ya que, como apunta, “el hogar sigue siendo su casa. Esta también, pero tenemos reglas diferentes, aunque intentamos coordinarnos lo máximo posible con el hogar de Nuevo Futuro y mantener las mismas normas”.

“No queremos que haya un desfase entre lo que pasa allí y lo que pasa aquí, y que eso pueda suponer que en un momento determinado los peques digan `es que aquí me dejan esto y aquí no me deja´”, relata.

Marita reconoce que el momento en el que Alicia debe regresar al hogar no siempre es fácil: “Te da mucha pena que se tenga que ir cuando te lo estás pasando bien. Ella también pide quedarse a veces. Pero uno tiene que saber el compromiso de estas situaciones. Es un compromiso muy grande, pero a la vez es una cuestión de qué puedo darle realmente”.

Explica que, como en cualquier proceso de convivencia, el acogimiento familiar también implica momentos de adaptación. Recuerda que el comienzo fue “maravilloso, empiezas como muy enamorado, idealizando todo”. Con el tiempo surgieron algunos pequeños roces y celos entre los niños, algo que les llevó a detenerse y prestar atención a cómo se relacionaban. Hablaron, aclararon las situaciones que generaban malestar y lograron superar esas primeras dificultades con rapidez. “Fue de una forma muy natural. Tanto mi hijo pequeño como ella se dieron cuenta de que había un conflicto que se tenía que solucionar. Y así fue”.

Marita se despide con un mensaje para que otras familias se animen convertirse en voluntarias con niños, niñas y adolescentes en protección: “Que se tiren a la piscina. De verdad que vale la pena. No lo haces por ayudar a nadie. Es que te llena la vida a ti”.

Gracias, Marita, por compartir vuestra historia en la séptima edición de ‘Testimonios con presente y futuro’. ¿Y tú? ¿Quieres ser familia colaboradora o acogedora? Infórmate aquí.

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