En la sexta edición de ‘Testimonios con presente y futuro’ os presentamos a Daniela, quien llegó con 9 años a Nuevo Futuro, aunque el sistema de protección la acogió un año antes. Los problemas de adicción de su madre, la llevaron al desempleo y a una inestabilidad que provocaron que Daniela dejara de acudir al colegio. Esta fue una de las señales de alarma por la que los servicios sociales se pusieron en marcha para estudiar su situación.
Al dar con ella, la llevaron, con 9 años, a un hogar de acogida. Un año después, ese centro cerró y el siguiente hogar de acogida más cercano era el de Nuevo Futuro, donde vivió hasta que cumplió 18 años.
Dice que se adaptó bien en ambos hogares, igual que en el colegio, donde contaba, sin temor a estigmas, que era una niña de acogida. “Nunca me ha dado vergüenza. Al revés, siempre me ha gustado mucho contar mi historia, incluso a gente que no conozco prácticamente porque me parece que este tema no tiene visibilidad y hay mucho estigma. Cuando dices `estoy en un centro´, la gente se piensa que has hecho algo malo. Siempre lo he contado abiertamente para que vieran que también existimos”, explica.
Para ella, “Nuevo Futuro fue una salvación”, ya que en el primer centro al que llegó vivían 30 personas, mientras que en el hogar convivía con nueve niños. “Fue una etapa bastante bonita, muy enriquecedora, porque el convivir con tanta gente te enseña muchas cosas”.
Reconoce que, en ocasiones, lo vivió negativamente sufriendo etapas de decir “no puedo más”, especialmente en plena adolescencia, pensando que quería una familia, por ejemplo. Pero, subraya que en Nuevo Futuro siempre estuvo muy contenta y que salió “muy agradecida”.
Daniela siempre ha tenido vínculo con su abuela materna, con la que compartía fines de semana, vacaciones de verano y tiempo libre. También retomó el contacto con su madre cuando cumplió 16 años. Sin embargo, el año en que Daniela cumplió 17 sintió que comenzaba su cuenta atrás para salir del sistema de protección, en el que vivía desde los 9 años.
Cada día era un abismo para ella porque sabía que saldría a una realidad mucho más complicada que la de cualquier otro adolescente. Cuenta que era algo que les pasaba a otros niños y niñas, muchos de los cuales ni siquiera tenían familia extensa como ella. “La sensación de abandono se incrementa”, señala.
Cuando cumplió 18 años Daniela se fue a vivir con su abuela: “Era joven, estaba estupendamente, pero justo al año de mudarme con ella, le detectaron Alzheimer”. Daniela sufrió así otro golpe de realidad que ha estado sobrellevando prácticamente sola.
Hoy, con 21 años, estudia un grado superior de Integración Social y trabaja en un restaurante. La carga mental y el temor a un futuro incierto la llevaron a retomar el contacto con Nuevo Futuro a través del programa de acompañamiento a la emancipación. “La situación en mi casa no está muy bien porque, si mi abuela se va a una residencia, tendría que vender el piso en el que vivo”, dice. “Necesitaba saber si yo tendría algún tipo de ayuda, porque ahora no tengo los recursos para vivir sola y no tengo a nadie más, solo tengo a mi abuela”, añade.
A través de Nuevo Futuro, Daniela encontró una familia colaboradora que le ayuda económicamente con sus estudios. “Siempre he querido dedicarme a lo social, por eso estoy estudiando Integración Social”, señala.
A pesar de trabajar, estudiar y cuidar de su abuela casi sola, Daniela se siente agradecida. De su etapa en el hogar, lo que más echa de menos es el apoyo psicológico: “Llevaba siete años yendo a terapia y cuando cumplí 18, de un día para otro, se terminó. A mí me había ayudado un montón”. Ahora, también encuentra apoyo en Abel Arteche, responsable del programa de acompañamiento a la emancipación de Nuevo Futuro, que, además de conectarla con esa familia colaboradora, la guía en las dudas vitales que pueda tener.
Daniela no quería salir del hogar, al principio se sentía un poco dependiente e iba mucho por allí. Ahora, sigue manteniendo el contacto con los educadores, ya que para ella son familia. “Al final todo niño, sobre todo cuando es pequeño, y en la adolescencia también, tenemos ahí ese vacío de no vivir con una familia, lo cual te puede desarrollar un pequeño trauma”, relata.
Por eso, Daniela anima a las familias a colaborar o a acoger porque “cubrir esa necesidad es algo muy importante. Es darle una oportunidad a una persona que no ha tenido una vida fácil y le puede ayudar mucho”.
En un futuro, a Daniela le gustaría ser “una buena profesional”, centrada en el ámbito social. “Quiero ayudar a los demás, ser independiente y, sobre todo, tener una buena salud mental”, concluye.
¡Gracias, Daniela, por compartir tu historia! Sin duda, eres inspiración para muchos otros niños, niñas y adolescentes en protección, así como para aquellas personas que quieran colaborar y ayudar a personas como tú.


