Presentamos la tercera edición de nuestra sección ‘Testimonios con presente y futuro’ a través de la cual queremos acercaros a las historias de personas que forman, o han formado, parte de Nuevo Futuro. Las vivencias de aquellos y aquellas que dan sentido a nuestro día a día. Hoy os presentamos Antonio Sánchez Alconchel, gerente de Campo de Gibraltar y coordinador territorial de Andalucía.
Hay personas que dejan huella sin buscar protagonismo, guiadas por la convicción de que su trabajo puede cambiar vidas. Antonio es una de ellas. Diplomado en Ciencias de la Educación, se habilitó a los poco años como educador social, además de haber continuado formándose en diverdas materias como, por ejemplo, la Educación Jurídica y Psicosocial al Menor.
Vinculado a Nuevo Futuro desde hace más de 30 años, su trayectoria resume el espíritu y la evolución de toda la entidad. “Empecé casi por casualidad en 1993 como voluntario, al salir de trabajar en el colegio en el que daba clases. En 1995 comencé como profesional y aquí sigo, porque esto ya forma parte de mi vida. Ha pasado por todos los roles —voluntario, educador, responsable, director— hasta llegar a gerente y coordinador territorial”.
De voluntario a referente
Desde sus primeros días, Antonio supo que no era un trabajo cualquiera. Descubrió la importancia de acompañar, escuchar y ofrecer a cada niño o niña lo que más necesita: un hogar. “Nuestro papel no es solo cuidar, es convertirnos en ese apego seguro que les ayude a descargar la mochila emocional que traen y mirar al futuro con esperanza. Que sepan que siempre estaremos ahí cuando nos necesiten”.
Recuerda con cariño los inicios: “Había una Junta Directiva con mucha voluntad y ganas de trabajar, pero no existía la intervención como la conocemos hoy. Afortunadamente todo ha ido cambiando”. Procedente del ámbito docente, Antonio impulsó el uso de herramientas educativas adaptadas a la realidad de los centros de protección. La administración de entonces también empezó poco a poco a apoyar la profesionalización de los equipos con educadores, auxiliares, psicólogos y trabajadores sociales. “Así se fue construyendo el modelo que hoy tenemos”, señala.
Actualmente, Antonio gestiona en Campo de Gibraltar cuatro hogares de protección, dos de acogida inmediata y un punto de encuentro familiar. Y más que de un equipo, presume de una gran familia de 65 personas. “Aunque muchas veces sea yo la cara visible, el mérito es de quienes están cada día acompañando a los niños, niñas y adolescentes”.
Asimismo, representa a nuestra entidad en diversas organizaciones y patronales que trabajan en los sectores de acción social e infancia y juventud en Andalucía, como APAES y la Plataforma de Infancia, con el fin de impulsar nuestra interlocución y cooperación en los asuntos referentes a la atención e intervención con los niños, niñas y jóvenes en el ámbito del sistema de protección de la región.
Un legado que sigue vivo
En nuestra conversación, Antonio reivindica el legado de las fundadoras de Nuevo Futuro, pioneras a finales de los años 60 en proponer una alternativa a los macrocentros. “Sin formación técnica, ellas ya comprendieron que los niños, niñas y adelescentes debían crecer en hogares pequeños, con un ambiente familiar. De ahí nació el concepto de ‘hogares funcionales’, el germen de los modelos actuales de buenos tratos o crianza terapéutica”.
E insiste en la importancia de mantener ese espíritu: “Nuestro objetivo siempre es ofrecer a los niños, niñas y adolescentes un entorno familiar, y trabajar para que puedan reunirse con sus familias. Cuando esto no es posible, debemos procurar que accedan a un acogimiento familiar desde nuestros hogares”. Además, destaca la necesidad de adaptarse continuamente: “Nos hemos formado en disciplinas basadas en la evidencia, aplicamos modelos actuales y fortalecemos el papel de los educadores, que son una pieza clave en este proceso”.
Entre los muchos nombres que Antonio guarda en el corazón, menciona con especial cariño a Matilde Gálvez Nieto, expresidenta de la delegación de Campo de Gibraltar: “Fue quien me metió el gusanillo de Nuevo Futuro. Trabajamos muy unidos y sentí mucho su pérdida, pero me llena de orgullo haber podido abrir un centro de acogida inmediata con su nombre, que además pudo conocer en vida”.
Un compromiso de vida
Antonio confiesa que Nuevo Futuro ha marcado su vida. Habla con emoción de los reencuentros con antiguos chicos y chicas que pasaron por los hogares: “Algunos ya tienen su familia, trabajan, estudian… Lo más bonito es cuando vienen a vernos y te dicen: ‘Gracias por estar ahí cuando más lo necesitaba’. Entonces entiendes que todo ha merecido la pena”. Y añade, “Tengo la suerte de disfrutar con mi trabajo y de conocer a personas que hoy son parte de mi familia. Eso no pasa en todos los sitios”.
Fuera del trabajo, disfruta de deportes como el pádel, el flamenco —le apasiona tocar la guitarra— y la creación artesanal de marroquinería. Pero, sobre todo, dedica su tiempo a su familia y a su hija, de la que se siente profundamente orgulloso.
Tres décadas después, Antonio sigue mirando al futuro con la misma ilusión del primer día. Su historia es la de alguien que ha sabido acompañar con alma, enseñar con el ejemplo y construir, día a día, un lugar donde la infancia se sienta segura. “Para mí, Nuevo Futuro no es solo un trabajo; es parte de mi vida y de mi manera de ser. Por eso, el día que termine mi etapa laboral, seguiré vinculado como voluntario”.
Y quizá ahí esté el secreto de todo: trabajar con el corazón. ¡Gracias, Antonio, por ser uno de los pilares de Nuevo Futuro!


